viernes, 21 de noviembre de 2008

"Europa federal: Un proyecto de integración política". Por Josu Jon Imaz (3ª parte)

El centro, el este y el sudeste de Europa es un complicado rompecabezas. El avance cultural y poblacional germánico, prusiano, en los siglos XVI al XIX, deja poblaciones eslavas incrustadas en medios germánicos. Es el caso por ejemplo de los “sorabes”, minoría eslava que actualmente vive como enclave en medio del land alemán de Magdeburgo. La dominación turca de siglos deja poblaciones urbanas (administración y sector servicios diríamos hoy) islamizadas. Son los Sarajevo, Gorazde, Tuzla o Mostar actuales, rodeados de entorno rural serbio en el caso de los tres primeros o croata en el caso de Mostar. Los serbios desplazados a luchar a la frontera, conforman los Banja Lunka (Bosnia) o la Krajina (Croacia) actuales. La disolución del Imperio Austro-Húngaro tras perder la Gran Guerra de 1914, castiga a Hungría desposeyéndola de partes de población húngara, que pasan a Eslovaquia, Serbia (la actual Vojvodina) o Rumania, países ganadores de la guerra, generando el problema de las minorías húngaras.

Hace todavía dos años el problema de la nacionalización de los casi cuatro millones de húngaros fuera de sus fronteras ha dividido a la población de la República de Hungría. El problema sigue todavía muy vivo. A su vez, en los últimos siglos las poblaciones colonizadoras venecianas de Istria y Dalmacia, en la costa adriática, son desplazadas por el avance eslavo hacia la costa, generando el actual problema de minorías italianas en Eslovenia y Croacia. En definitiva, cada conflicto actual, potencial o real, tiene una raíz histórica inadecuadamente resuelta. La solución a los mismos no son procesos de creación de nuevos estados-nación clásicos que abren nuevos frentes de conflicto. La solución pasa por la integración política europea.

El Estado-nación, que es la estructura política que ha estado asociada a la revolución industrial y a la era moderna, está sufriendo una crisis. Realidades heterogéneas fueron unidas por la conquista o el matrimonio, homogeneizadas culturalmente a través de la imprenta y el poder, y los pueblos englobados en estas estructuras fueron en muchos casos subyugados. El Estado se adaptaba al mundo económico diseñado como consecuencia de la revolución industrial.

Pero cada tecnología tiene su estructura política y la realidad que nos toca vivir constituye un punto de inflexión en la historia. Algunos analistas consideran que sólo han existido dos revoluciones tecnológicas en la historia de la humanidad, equiparables en sus consecuencias político-económicas y socioculturales a esta revolución de las tecnologías de la información en la que estamos inmersos. La primera de ellas fue la del Neolítico que, con la incorporación de las tecnologías agrícolas y ganaderas, transformó un ser humano recolector y cazador en otro agricultor y ganadero. De una cultura nómada, forzada por los modos de obtención de alimentos, se pasó a una cultura sedentaria, y los excedentes alimenticios provocaron la creación de actividades no directamente productivas, dando con todo ello paso a la nueva forma de organización social que fue la ciudad.

Entre los siglos XVI y XIX se produce la segunda gran revolución, en la que la máquina de vapor da origen a la industrialización, la cual no hubiera sido posible sin el desarrollo previo de la imprenta y el avance del conocimiento. Y con todo ello, las grandes producciones, los mercados más amplios y la uniformización cultural y lingüística van forjando el Estado nación como estructura política. En este proceso los vascos perdemos como pueblo nuestra capacidad de tener soberanía propia, al no poder acceder a la estructura de los Estados que se conforman en este período.

Y hemos llegado al siglo XXI, el siglo de la tercera gran revolución tecnológica, al Tercer Entorno, en terminología del profesor Javier Echevarria, autor de Telepolis. Las tecnologías de la información están modificando cualitativamente las sociedades y sus redes de relación. Su incidencia está siendo y será como mínimo equivalente a las otras dos grandes revoluciones mencionadas. Algunas de las características más significativas de la época actual tienen que ver con la extraordinaria capacidad de almacenar información, la inmediatez para transmitirla de un lugar a otro del globo, y la posibilidad ilimitada de acceder a ella y extenderla desde y hacia cualquier persona y/o comunidad, independientemente de su tamaño. Sería ingenuo pensar que esta sociedad de la información o del conocimiento, como se ha dado en llamarla, vaya a mantener inmutables sus estructuras políticas y sus formas de organización. Lo escribió Alvin Toffler en 1994: “Somos la última generación de una antigua civilización y la primera de una nueva civilización”.

Las consecuencias de la revolución tecnológica son palpables en la economía, en el fenómeno conocido como globalización. Sus manifestación más visible es la movilidad: movilidad de productos, movilidad de servicios de muy diverso género (financiero, tecnológico, jurídico...) y movilidad de capitales, con la información como fondo de las transacciones inmediatas entre diferentes partes del globo. Nadie puede ignorar o cerrarse a este flujo de información. Algunos Estados lo han intentado por razones políticas o de mantenimiento de regímenes totalitarios. Sin embargo, el desarrollo económico pasa necesariamente por la apertura a los flujos de información y, una vez abierta la vía, la cultura y las ideologías circulan por ella al igual que las transacciones comerciales.

Expertos mundiales en prospectiva coinciden en que la información está erosionando y transformando el Estado nación clásico como estructura política. Mercados más amplios exigen estructuras supraestatales, en la medida en la que la regulación de un mercado conlleva ámbitos de decisión en aspectos medioambientales, sociales, fiscales e incluso monetarios. Se diría que las estructuras rígidas --y los Estados-nación al estilo del siglo XIX lo son-- llevan consigo el anacronismo de ser demasiado grandes para abordar los temas pequeños y demasiado pequeños para resolver los problemas de mayor envergadura.

Precisamente esto es lo que básicamente está empujando a la creación de espacios "regionalizados" en el mundo desarrollado, cuyos ejemplos son la Unión Europea, Mercosur, el Tratado de Libre Comercio americano y ASEAN. Alguno de ellos, como la Unión Europea, adquiere ya caracteres de estructura política macro-estatal, con un mercado interior consolidado, una moneda única, ámbitos de desarrollo de un espacio policial y judicial e, incluso, una seguridad común incipiente.

lunes, 17 de noviembre de 2008

"Europa Federal: Un proyecto de integración política" (2ª Parte) Por Josu Jon Imaz


Uno de los mejores exponentes de que esta Europa es fundamentalmente un proyecto de paz y reconciliación lo determina el hecho de que sus padres fundadores son hombres de frontera. Pierre Pflimlin, Presidente del Parlamento Europeo entre 1984 y 1987, definió a Schuman como un hombre de frontera. No es para menos. Este lorenés nacido en 1886 y fallecido en 1963 simboliza en su persona el drama de una Europa dividida y en guerra. Los Estados-nación y las cicatrices de las fronteras han marcado nuestro continente a lo largo de los dos últimos siglos. El padre de Schuman nació en la Lorena francesa. Esta región forma parte de ese espacio disputado durante siglos por Francia y el mundo germánico. El propio nombre de Lorena, en alemán Lotharingen, proviene de Lotario, uno de los hijos de Carlomagno. Carlomagno, que extendió su imperio desde el Atlántico hasta el límite oriental de la actual Alemania, dividió su imperio entre sus tres hijos. Cuenta un chiste que me contó hace años un alsaciano en Nantes, que la parte de Carlos dio lugar a Francia, la herencia de Luis creó Alemania, y la parte de Lotario dio lugar al follón.

La vida de Schuman atestigua la verdad del chiste. Esa Lorena en la que nació su padre, había pasado de Francia a Alemania para cuando nació Schuman, como consecuencia de la victoria de Bismarck en la guerra franco-prusiana. La tierra del Schuman que nace alemán vuelve a ser francesa en 1918 tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Nuevamente Lorena pasa a ser alemana cuando las tropas de Hitler invaden Francia y la anexionan en 1940, para pasar en 1944 a su situación actual de región francesa. Schuman conoció en vida ese cambio continuo de nacionalidad.

En su juventud fue miembro de la asociación de intelectuales católicos alemanes agrupados en la “Sociedad Görres para el cultivo de la ciencia”. Vivió como alemán, el que años después sería Presidente del Gobierno francés y Ministro de Asuntos Exteriores. Era, en cierto sentido, la encarnación del problema germano-francés.

Cuando se visita al día de hoy el Parlamento austriaco en Viena, uno puede observar todavía el escaño en el que sentaba como diputado Alcide De Gasperi. El que fue Presidente del gobierno italiano desde 1945 y 1953 nació en 1981 en Trento. En 1911 es ya diputado y participa en la vida política austriaca de forma activa, hasta que en 1918 proclama en el Parlamento de Viena junto a otros cinco diputados la voluntad de anexión a Italia del Trentino y de Trieste, tras la derrota del Imperio Austro-Húngaro en la Primera Guerra Mundial. De Gasperi, nacido austriaco como consecuencia de la artificialidad de las fronteras, formado en un mosaico de influencias culturales centroeuropeas, pilotará la apuesta europeísta de la Italia que se reconstruye tras la Segunda Guerra Mundial. Como Schuman, fue otro hombre de frontera.

Gente marcada por la guerra y por un conflicto no resuelto. Gente muy consciente del problema nacional y de lo que implica. De Gasperi, de Tirol del Sur o Alto Adigio. Estado italiano y cultura y lengua germánica. Proveniente de una zona de influencia y conflicto entre dos grandes culturas. Consciente por tanto, de lo que la unión de los pueblos europeos puede suponer para la eliminación de las fronteras existentes, para la reconciliación y para la convivencia en paz.

Adenauer, renano, quién vive desde su juventud la realidad de una Renania fronteriza, desmilitarizada como consecuencia de la Gran Guerra del 14. En definitiva, los llamados "padres fundadores" son personas marcadas por las fronteras en muchos casos arbitrarias establecidas por los Estados-nación, marcadas también por las guerras entre estos Estados artificiales, y que buscan en la Unión Europea un instrumento para la paz, a través de la superación de los conflictos nacionales mediante la puesta en común de los instrumentos que hacen posible la guerra.

Europa se enfrenta a una gran revolución. Hace dos años se ha iniciado el proceso más ambicioso desde las firma del Tratado de Roma. Diez nuevos estados se han unido a la Unión: la ex-yugoslava Eslovenia, las ex-soviéticas Lituania, Letonia y Estonia, las dos repúblicas fruto del desmembramiento de la antigua Checoslovaquia, República Checa y Eslovaquia, las mediterráneas Malta y Chipre, además de Hungría y Polonia. Si hace apenas dieciocho años alguien hubiese previsto esto, hubiera sido visto como absurdo. Bulgaria, Rumania, Croacia, Serbia, Bosnia, Macedonia y algún día Albania continuarán este camino.

Alguno podrá pensar que el móvil de esta ampliación es puramente económico. Los que ven a Europa como un mercado, modelo de neoliberalismo, deberán pensar que los nuevos mercados, pese a no ser despreciables, no justifican el enorme esfuerzo financiero que ello va a suponer a la Unión. ¿Por qué este esfuerzo? Desde la perificidad de un pequeño país encajado entre el Pirineo y el Atlántico, nunca entendí lo que la ampliación significaba hasta que tuve la ocasión de pasear por Praga, Budapest, Varsovia, Poznan o Wroclaw. Uno entiende allí el ser europeo. Una cultura que compartimos y que el telón de acero dividió durante cuarenta años. La reunificación alemana fue importante para los que sentían la nación alemana. Asumieron los costes formidables de aquella operación económicamente disparatada por la unidad de su país. La reunificación europea, lo que realmente representa el proyecto de la ampliación, es importante para los que sentimos el proyecto europeo.

Europa aborda este proyecto por volver a encontrarse a sí misma. Por su unión. También por la necesidad de garantizar la paz y la reconciliación. Y por supuesto la seguridad. Alemania, principal impulsor de esta reunificación europea, necesita por un lado perder su perificidad en Europa, y centrarse, rodeándose de un cinturón de seguridad de países que la proteja o la aísle de lo que pueda pasar en Rusia y su entorno. Y Alemania y Europa necesitan protegerse de la Teoría del Estallido, que puede hacer reventar Europa Central y Oriental como consecuencia de los problemas nacionales no resueltos. La guerra de Bosnia podría ser un ejemplo de lo que puede derivarse de los conflictos no resueltos en Kosovo, o con las minorías húngaras de Rumania, o las minorías húngaras en Eslovaquia, o las aspiraciones búlgaras sobre Macedonia, o las minorías albanesas en este mismo país.

Es evidente que cualquiera de estos posibles conflictos lleva un potencial de internacionalización peligroso. Y no se olvida que estos conflictos en este mismo lugar dieron origen a la primera guerra mundial. Por ello para Europa es prioritario el garantizar la paz y la reconciliación en este espacio, y la integración de estos países en el marco de la Unión Europea es el paso que permite relativizar el concepto "frontera" y abordar ese problema sin un estallido generalizado de las fronteras existentes, que en ese marco supondría probablemente la extensión de un conflicto armado.

La búsqueda de la paz y la reconciliación sigue siendo por tanto en mi opinión el principal motor de la Unión en su estado actual, y el factor que sigue empujando las principales decisiones políticas en Europa. Por ello, Europa está realizando un esfuerzo de trabajo prioritario en el Centro y en el Este de Europa para abordar este problema. Por un lado está el esfuerzo abierto de favorecer la ampliación y lo que se ha llamado la reunificación europea. Pero por otra parte se está llevando a cabo un esfuerzo importante de trabajo sobre el terreno para abordar los problemas nacionales no resueltos y los potenciales conflictos en Europa Central y Oriental. No abiertamente en ocasiones. No encabezados por los Gobiernos Europeos o por la Comisión.

Sin embargo, desde Fundaciones políticas, internacionales ideológicas, desde actuaciones de parlamentarios europeos de diferentes países se está trabajando en foros dirigidos a resolver el problema político del mosaico étnico-cultural-lingüístico-nacional de Europa Central y Oriental, como vía para asegurar la paz, la reconciliación y la seguridad en el corazón de Europa. Y puedo dar fe de ello porque en los últimos trece años he tenido la ocasión de participar en alguno de estos foros.

jueves, 13 de noviembre de 2008

"Europa federal: Un proyecto de integración política." Por Josu Jon Imaz (1ª parte)

Cada vez se extiende más como lugar común que la Unión Europea es un espacio de juego económico, un mercado común que ha derivado a una moneda única, el euro. Mi convicción parte de que Europa es mucho más que eso. Es sobre todo un espacio común de civilización. Un entorno cultural que nos pertenece a todos. Desde la cultura megalítica de Aralar, hay indicios razonables para pensar en que el mundo cultural de aquellos pastores era compartido por los pastores de Bretaña o de Cornualles. Su visión del mundo era similar, y lo que es más importante, las corrientes culturales circulaban de un extremo al otro del continente.

Carlomagno, el Sacro-Imperio Romano Germánico, Napoleón e incluso Hitler tratan de unificar políticamente ese espacio de civilización común. Siempre por la fuerza. Y todos fracasan por igual. Es después de la segunda guerra mundial cuando Europa inicia el camino de la unificación. En 70 años tres guerras entre Francia y Alemania han destrozado el continente. Millones de europeos han muerto en las trincheras como consecuencia de conflictos permanentes. Y es ahí donde surge el germen de la Unión Europea. El motor que lleva a que Europa comience su camino de unidad es la paz y la reconciliación.

La paz y la reconciliación son el motivo del proceso que se inicia en 1950 con la declaración de Schuman que da lugar a la CECA, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, núcleo del Mercado Común Europeo. Puede parecer que el móvil es económico, pero nada mas lejos de ello. Cuando Schuman revoluciona al mundo en 1950 con su propuesta del Alto Comisariado del Carbón y del Acero entre Francia y Alemania, no lo hace empujado por razones económicas. En su declaración define al carbón y al acero como las materias primas de la guerra, y argumenta que la puesta en común de estas armas en manos de una institución coordinada hará la guerra imposible y garantizará la paz duradera para los pueblos europeos.

Por tanto, la Unión Europea nace movida por la necesidad de paz. Por supuesto que los factores económicos, de seguridad y tecnológicos empujan este proceso. Pero las grandes decisiones políticas han estado determinadas por esa necesidad de paz.

Robert Schuman, padre del proyecto unificador europeo, es el autor de estas palabras. proféticas que tienen ya 50 años: “Europa no surgirá en un día. Nada permanente puede crearse sin esfuerzo. Lo importante es, en todo caso, que la de idea de Europa, el espíritu de solidaridad comunitaria, que responde a los anhelos íntimos de los pueblos, ha echado raíces también fuera de estas instituciones. Esta idea de Europa pondrá al descubierto todas las bases comunes de nuestra cultura y creará, con el tiempo, un vínculo igual al que mantiene unidas a las Patrias. Será la fuerza que venza todos los obstáculos”.

viernes, 7 de noviembre de 2008

De la necesidad virtud. La revisión de las relaciones con la Izquierda Radical

Publico este post porque lo tenía guardado en la gatera y no me acordaba. De hecho, pensaba que ya estaba publicado.

Es cuestión innegable que la solución del conflicto político que en los últimos post han absorbido la totalidad de las lineas escritas no vendrá de ningún tipo de estrategia violenta ni de la negación de los derechos que a un pueblo le asisten como tal.

Es, por otro lado, radicalmente cierto que cada vez la sociedad esta más lejos de la clase política. También del nacionalismo democrático. La Izquierda Radical se frota las manos viendo esto. No obstante, la sociedad también está cada vez mas lejos de exigencias maximalistas que, no es que no llegue a comprender. No. Es que no le interesan. Por lo tanto, la Izquierda Radical no debería en ningún momento creerse participe de la tendencia a la baja del Nacionalismo Democrático.

Es por esto que se hace absolutamente necesaria una revisión de las relaciones con la Izquierda Radical. Y es que ¿cómo es posible que los mismos que nos hacen pintadas diciendo que somos esclavos de España o buitres, o fascistas exijan acciones en pro de su libertad cuando no hacen más que coartar la del resto? Escribí hace tiempo que ser demócrata era mucho más que posicionarse a favor de elecciones democráticas. Ser demócrata es defender la igualdad de derechos incluso cuando es tu adversario quien los ve conculcados. Que cada uno saque sus propias consecuencias, pero creo evidente quién es y quién no es demócrata.

martes, 28 de octubre de 2008

Obamania normala da (I)...

“Nosotros, el pueblo, para poder formar una unión más perfecta.”

Hace doscientos veintiún años, en una sala que todavía existe al frente de este lugar, un grupo de hombres se reunió y con estas simples palabras, lanzaron el improbable experimento Americano en democracia.
Campesinos y académicos; hombres de Estado y patriotas, habiendo cruzado un océano escapando tiranía y persecución, finalmente realizaron su declaración de independencia en una convención en Philadelphia que duró hasta la primavera de 1787.
El documento producido por ellos eventualmente fue firmado pero, en última instancia, quedó inconcluso. Estaba manchado por el pecado original de la esclavitud en esta nación, una pregunta que dividió las colonias y llevó a la convención a un punto muerto hasta que los próceres escogieron permitir la continuación del tráfico de esclavos por al menos veinte años más, y dejar la resolución final a generaciones futuras. Por supuesto, la respuesta a la pregunta de la esclavitud ya estaba incorporada en nuestra Constitución – una
Constitución que tenía en su núcleo central el ideal de ciudadanía por igual bajo la ley; una Constitución que prometía a su pueblo libertad, y justicia, y una unión que podía y debía ser perfeccionada con el pasar del tiempo.
Y aún palabras en un pergamino no serían suficientes para liberar a los esclavos de su cautiverio, o proveer a cada hombre y mujer de todos los colores y credos con sus derechos y obligaciones plenas como ciudadanos de los Estados Unidos. Lo que haría falta eran Americanos en generaciones sucesivas, los cuales estuvieran dispuestos a poner de su parte – a través de protestas y luchas, en las calles y en las cortes, a través de una guerra civil y desobediencia civil y siempre bajo un gran riesgo – para reducir la brecha entre la promesa de nuestros ideales y la realidad de su tiempo.

Esta fue una de las tareas que nos propusimos al comienzo de esta campaña – continuar la larga marcha de aquellos que vinieron antes de nosotros, una marcha por una América más justa, igualitaria, libre, compasiva y próspera. Decidí ser candidato a la presidencia en este momento histórico porque creo firmemente que no podemos resolver los retos de nuestro tiempo si no los resolvemos juntos – si no perfeccionamos nuestra unión entendiendo que aunque tengamos historias diferentes, tenemos esperanzas en común; que aunque no
coincidamos en apariencia o en origen, queremos movernos en la misma dirección – hacia un futuro mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Esta creencia viene de mi fe infatigable en la decencia y generosidad del pueblo Americano. Pero también viene de mi propia historia Americana.

Soy el hijo de un hombre negro de Kenya y de una mujer blanca de Kansas. Fui criado con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió una Depresión para servir en el Ejército de Patton durante la Segunda Guerra Mundial, y de una abuela blanca que trabajó en una línea de ensamblaje de bombarderos en el Fuerte
Leavenworth mientras él estaba ausente. He estudiado en algunas de las mejores escuelas en América y he vivido en una de las naciones más pobres del mundo. Estoy casado con una Americana negra que lleva en sí la sangre de esclavos y esclavistas – una herencia que transmitimos a nuestras preciosas hijas. Tengo hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos, tíos y primos de toda raza y de todo matiz, esparcidos por tres continentes, y mientras viva, nunca olvidaré que en ningún otro país en este planeta mi historia sería apenas posible.

Es una historia que no me ha hecho el candidato más convencional. Pero es una historia que ha sellado en mis genes la idea que esta nación es más que la suma de sus partes – que de entre todos, somos verdaderamente uno. A lo largo del primer año de esta campaña, a pesar de todas las predicciones en contra, vimos cómo hambriento estaba el pueblo Americano por este mensaje de unidad. A pesar de la tentación de ver mi candidatura a través de un lente puramente racial, ganamos victorias contundentes en estados con algunas de las poblaciones más blancas del país. En Carolina del Sur, donde la Bandera Confederada todavía ondea, construimos una coalición poderosa de africano-americanos y blancos.
Esto no quiere decir que el asunto de la raza no ha sido relevante en la campaña. En varias etapas de la campaña, algunos comentaristas me han caracterizado como “demasiado negro” o “insuficientemente negro”.

Vimos tensiones raciales salir a la superficie durante la semana antes de la elección primaria en Carolina del Sur. La prensa ha escudriñado todas las encuestas de salida por la evidencia más reciente de polarización racial,
no solamente en términos de blanco y negro, sino también entre negro y marrón.
I aún así, sólo ha sido en las últimas dos semanas que la discusión de raza en esta campaña he tomado un sesgo particularmente divisivo.
En un extremo del espectro, hemos escuchado la implicación de que mi candidatura es de alguna forma un ejercicio en discriminación positiva; que está basada solamente en el deseo de liberales ingenuos por comprar reconciliación racial a bajo costo. En el otro extremo, hemos oído que mi pastor anterior, el Reverendo Jeremiah Wright, usa un lenguaje incendiario para expresar puntos de vista que tienen el potencial no sólo de exacerbar divisiones raciales, sino también puntos de vista que denigran tanto la grandeza como la bondad de nuestra nación; que con razón ofenden a negros y blancos por igual.
Ya he condenado, en términos inequívocos, las afirmaciones del Reverendo Wright que han causado tal controversia. Para algunos, todavía quedan preguntas inquietantes. ¿Sabía yo que él era ocasionalmente un crítico feroz de políticas Americanas, domésticas y externas? Por supuesto. ¿Alguna vez lo escuché hacer observaciones que podrían ser consideradas controversiales mientras asistía a la iglesia? Sí. ¿Estuve en fuerte desacuerdo con muchos de sus puntos de vista políticos? Absolutamente – de igual manera que estoy seguro
muchos de ustedes han oído palabras de sus pastores, sacerdotes y rabinos con los cuales ustedes están en fuerte desacuerdo.
Pero las afirmaciones que han causado esta tormenta reciente no fueron simplemente controversiales. No fueron simplemente el esfuerzo de un dirigente religioso por denunciar injusticias percibidas. En su lugar, representaron un punto de vista profundamente distorsionado de este país – un punto de vista que ve el racismo blanco como endémico, y que eleva todo lo que es malo de América por encima de todo lo que sabemos que es bueno de América; un punto de vista que ve los conflictos en el Medio Oriente como derivados primordialmente de las acciones de aliados robustos como Israel, en lugar de emanar de las ideologías perversas y llenas de odio del Islam radical.
Como tal, los comentarios del Reverendo Wright no sólo eran incorrectos sino también divisivos, divisivos en un momento cuando necesitamos unidad; racialmente cargados cuando tenemos que juntarnos para resolver un
conjunto de problemas monumentales – dos guerras, una amenaza terrorista, una economía a punto de falla, una crisis crónica de cuidado de salud y cambio climático potencialmente devastador; problemas que no son blancos
o negros o Latinos o Asiáticos, sino más bien problemas que nos afectan a todos nosotros.

Dados mis antecedentes, mi matiz político, y los valores e ideas que he profesado, sin duda quedarán aquellos para los cuales mis declaraciones de condenación no son suficientes. ¿En principio, porqué asociarme con el Reverendo Wright, se preguntarán?

¿Porqué no pertenecer a otra iglesia? Y yo confieso que si todo lo que yo supiera del Reverendo Wright fueran los recortes de esos sermones que han diseminado en un ciclo infinito en la televisión y en YouTube, o si la Iglesia de Cristo de La Trinidad fuera un reflejo fiel de las caricaturas que algunos comentaristas están tratando de vender, no hay duda que mi reacción sería mayormente la misma.
Pero la verdad es, que eso no es todo lo que yo sé de este hombre. El hombre que yo conocí hace más de veinte años es un hombre que ayudó a encontrarme con mi fe cristiana, un hombre que me habló de nuestras obligaciones de amarnos el uno al otro, de cuidar al enfermo y levantar al pobre. El es un hombre que sirvió a su
país como Marine de los Estados Unidos; que ha estudiado y enseñado en algunas de las mejores universidades y seminarios del país, y que por más de treinta años dirigió a una iglesia que sirve a la comunidad haciendo el trabajo de Dios aquí en la Tierra – dando hogar a los que no lo tienen, ministrando a los necesitados,
proveyendo servicios de cuidado diario y becas y ministerio de prisiones, y extendiendo su mano a aquellos quesufren de VIH/SIDA.
En mi primer libro, Sueños De Mi Padre, describí la experiencia de mi primer servicio en la iglesia de La Trinidad: “La gente comenzó a gritar, a levantarse de sus asientos y aplaudir y exclamar, un viento fuerte llevando la voz
del reverendo hasta las vigas del techo… Y en esa sola nota – ¡esperanza! – Escuché algo más: Al pie de esa cruz, dentro de miles de iglesias a través de la ciudad, me imaginaba las historias de negros ordinarios mezclándose con las historias de David y Goliat, Moisés y el Faraón, los cristianos en el foso de los leones, el campo de huesos secos de Ezequiel. Esas historias – de supervivencia, de libertad, y esperanza – se convirtieron en nuestra historia, mi historia; la sangre derramada era nuestra sangre, las lágrimas nuestras lágrimas; hasta que
esta iglesia negra, en este día brillante, parecía una vez más una nave llevando la historia de un pueblo hacia generaciones futuras y hacia un mundo más grande. Nuestras pruebas y triunfos se hicieron al mismo tiempo únicos y universales, negros y más que negros; en la crónica de nuestra jornada, las historias y canciones nos dieron un mecanismo para reclamar memorias por las cuales no teníamos que sentir vergüenza… memorias que todos podrían estudiar y acoger – y con las cuales podíamos comenzar a reconstruir.” Esa ha sido mi experiencia en La Trinidad. Al igual que otras iglesias predominantemente negras a lo largo del
país, la iglesia de La Trinidad personifica la comunidad negra en su totalidad – el doctor y la madre que recibe asistencia, el estudiante modelo y el ex miembro de una pandilla. Como en otras iglesias negras, los servicios en La Trinidad están llenos de risa alborotada y a veces humor vulgar. Están llenos de danza, de aplauso, gritos yexclamaciones que pueden parecer discordantes a un oído no acostumbrado. La iglesia contiene en su totalidad la bondad y la crueldad, la inteligencia feroz y la ignorancia chocante, las luchas y éxitos, el amor y sí, la
amargura y la parcialidad que forman parte de la experiencia del negro en América.

Y esto ayuda a explicar, quizás, mi relación con el Reverendo Wright. Tan imperfecto como él pueda ser, él ha sido como parte de mi familia. El fortaleció mi fe, ofició en mi boda, y bautizó a mis hijas. Ni una vez en mis conversaciones con él lo he oído hablar de ningún grupo étnico en términos derogatorios, o tratar personas blancas con las cuales ha interactuado que no sea con cortesía y respeto. En él están contenidas las contradicciones – lo bueno y lo malo – de la comunidad que él ha servido diligentemente por tantos años. No puedo repudiarlo a él como no puedo repudiar la comunidad negra. No puedo repudiarlo como no puedo
repudiar a mi abuela blanca – una mujer que ayudó a criarme, una mujer que se sacrificó una y otra vez por mí, una mujer que me ama tanto como a nadie más en este mundo, pero una mujer que una vez confesó su miedo de los hombres negros que pasaban cerca de ella en la calle, y quien más de una vez ha proferido estereotipos raciales o étnicos que me causaban disgusto. Todas estas personas son parte de mí. Y son parte de América, este país que yo amo.

Barack Hussein Obama jr.-en hitzaldi baten zati bat da

jueves, 16 de octubre de 2008

La Sirena Varada

Y me he enredado siempre entre algas,
maraña contra los dedos,
cierras la madeja con el fastidio del destino
y el mordisco lo dan otros...
encías ensangrentadas y miradas de criminales,
a grandes rasgos, podrías ser tu...

Echar el ancla a babor, y de un extremo la argolla
y del otro tu corazón. Mientras tanto, te sangra.
Y el mendigo siempre a tu lado. Tu compañero de viaje.
Cuando las estrellas se apaguen, tarde o temprano, también vendrás tu.

Duerme un poco más. Los párpados no aguantan ya.
Luego están las decepciones cuando el cierzo no parece perdonar.
¡Sirena vuelve al mar! ¡Varada por la realidad!
Sufrir de alucinaciones cuando el cielo no parece escuchar...

Dedicarte un sueño, cerrar los ojos y sentir oscuridad inmensa
entregado a una luz. Como un laberinto de incertidumbre
esquivas la pesadilla y sobre volar el cansancio y en un instante...
en tierra otra vez...

El miedo a traspasar la frontera de los nombres como un extraño,
dibuja la espiral de la derrota, y oscurece tanto halagos...
Solo en la memoria que se va...

Duerme un poco más, los párpados no aguantan ya.
Luego están las decepciones, cuando el cierzo no parece perdonar.
¡Sirena vuelve al mar! ¡Varada por la realidad!
Sufrir de alucinaciones cuando el cielo no parece escuchar...

martes, 14 de octubre de 2008

La(s) crisis, tú y otras adicciones (in)confesables

Hacía tiempo que la inspiración sentimental no campaba a sus anchas por esto que tengo la mala costumbre de llamar "mi cerebro". Me imagino que en lo últimos meses no encontraba la chispa que le hacia falta para sacar su más que limitado potencial literario. Pero aquí está. Desentrenada y confusa, pero otra vez cerca de mi almohada.

Supongo que siempre que tienes a alguien que aprecias, que quieres, o que respetas -o todas a la vez- se hace más fácil trasladar tus sentimientos y hacerlos públicos. Aunque también es verdad, que cuesta más en el sentido de que también pueden afectar a otras personas. Pero también me he dado cuenta de las múltiples crisis que sufrimos todos los días. Discusiones, enfados, caricias y otras drogas sin las cuales no somos capaces de vivir. No por el efecto que hagan en cada uno, sino por lo dulce del síndrome de abstinencia. Y sobre todo porque esa adicción nos hace sentirnos vivos y el síndrome de abstinencia, felices.

Hoy me reafirmo en aquello de que lo verdaderamente importante no son las personas agónicas, sino las agonías de las personas. Hoy, me reafirmo en que las crisis se pueden solucionar con un simple, pero sentido, "barkatu, bai?".

Hoy, creo que tengo una adicción más. Pero aun es (in)confesable.

Vuelve el Guardián.

Un beso desde la estación